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En
el cinturón entre trópicos y con alturas
próximas a las del mar, se encuentran los llamados
climas cálidos húmedos. Estos climas se
caracterizan por mostrar copiosas lluvias - generalmente
estacionales - cielos permanentemente nublados y consiguientes
humedades absolutas y relativas muy altas, con la masa
de aire en estado continuo próximo a la saturación.
Si bien las temperaturas
no son muy altas, la poca amplitud térmica entre
el día y la noche, genera un efecto de disconfort
sobre las personas que se prolonga sin atenuantes.
La única
forma de aliviar el estrés térmico así
generado, es aprovechar al máximo la ventilación
natural, de manera que el aire evapore la transpiración
y de esta manera produzca una sensación de refrescamiento
sobre la piel por efecto del refrescamiento evaporativo.
En estos climas
la radiación solar es difusa, por lo tanto no
tiene direccionalidad definida y parece provenir de
todas partes, incluso del suelo.
Los
pueblos originarios de estas regiones han sabido adaptarse
a estas difíciles condiciones climáticas
apelando a los recursos que el mismo ambiente provee.
Así las
construcciones son livianas, sin ningún elemento
muy macizo, hechas con materiales vegetales tejidos
o unidos de diferentes formas. Suelen tener galerías
perimetrales para disminuir el efecto de la radiación
solar difusa y no tienen vidrios.
Las cubiertas
son empinadas para favorecer un rápido escurrimiento
de las aguas de lluvia, los pisos son plataformas sobreelevadas
para aumentar el contacto con el aire exterior, y grandes
aberturas situadas a nivel y en la parte superior, buscan
aumentar la captación del viento y favorecer
la ventilación natural. En ocasiones no existen
los muros y la vivienda es solo un techo protector de
la lluvia.
La forma de los
edificios suele ser alargada para aumentar la resistencia
al viento y los conjuntos se disponen generalmente en
forma lineal para que ningún edificio deje de
recibir sus efectos.
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