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LA
UTOPÍA DE LOS ESPACIOS URBANOS SUSTENTABLES
La historia nos enseña que allí
donde lo urbano fue el resultado de la labor de una
comunidad con larga permanencia en un sitio, y con recursos
y vocación para resolver necesidades humanas
básicas, surgen los espacios comunitarios a escala
humana, la apropiación de lo público como
de uso común, la valorización de los recorridos
peatonales, la creación y la libertad puesta
en juego en los encuentros de las calles, callejones
y plazoletas, en los juegos volumétricos, en
el empleo consciente de la luz, el sol y las sombras,
en el diálogo entre los materiales, sus colores
y texturas.
Nuestra formación cultural de
americanos de matriz occidental, imbuida por la escala
de valores de la Sociedad Industrial, solo nos permite
ver estas cualidades como propias de espacios urbanos
medievales localizados en la vieja Europa - y por lo
tanto superados por la modernidad - y como consecuencia,
dejamos de lado nuestras propias raices culturales y
el sincretismo originado en la amalgama étnica,
ya que muy interesantes presencias de poblados a escala
comunitaria sostenible también existen y han
existido en América Latina desde hace varios
siglos.
Cuando la comunidad encuentra condiciones
de sustentabilidad, se puede auto-regular y genera manifestaciones
auténticas de participación, el resultado
no es otro que el de espacios urbanos comunitarios a
escala humana y edificios integrados con esos entornos,
cargados muchas veces de un simbolismo que apela a los
valores implícitos de sus habitantes y en el
que queda impresa una profunda necesidad de trascendencia.
Son estas circunstancias las que generan
una fuerte relación de afecto entre cada habitante
y su ciudad o su sitio.- Es ese lugar tan particular
donde se ha nacido, se ha criado, se ha interactuado
oyendo desde pequeño historias propias de su
entorno, donde compartirá trabajos, penas y alegrías,
haciendo del ocio una continuidad de su actividad cotidiana,
donde seguramente se casará con alguien del lugar,
donde vivirán sus hijos y nietos. Será
aquel ser humano que nunca emigrará a no ser
por verdadera necesidad.
Tanto en Europa como en América
Latina superviven muchos espacios urbanos con estas
características, a quienes la Sociedad Industrial
no logró contaminar del todo. Espacios que admiten
la energía eléctrica, el agua corriente,
los desagües, los teléfonos, los cajeros
automáticos y la Internet sin perder su esencia,
pero que tienen en el automóvil a su gran enemigo.
Espacios que en algunos casos de la vieja Europa, necesitan
ser conservados y protegidos, porque la comunidad que
los habita ya no es la de otrora y no está en
condiciones espirituales de cuidarlos por si misma,
tan absorbidos y fragmentados como suelen estar sus
habitantes por el individualismo, el consumismo y la
lucha por el status. Pero en otros casos, como en la
América nativa, mantienen su fuerza y su vigencia
por si mismos.
Para revitalizar o para evitar la pérdida
de identidad de estos lugares naturalmente sustentables,
las posibles soluciones están planteadas y algunas
se hayan en proceso de ejecución, para otros
solo falta la decisión política para ponerlas
en acción y convertir a nuestro tiempo en una
época mas consciente en el entendimiento de que
conservar y proteger estos lugares es apostar por la
sustentabilidad frente a la naturaleza y al ambiente,
a la ecología y los recursos naturales y a la
necesidad de una humanidad mas igualitaria e integrada..
Pero la decisión
política de proporcionar mayor sustentabilidad
a estos lugares, no puede quedar en manos del mercado
y las corporaciones por el hecho fundamental de incompatibilidad
de intereses. Solo los pueblos y las naciones independientes
pueden empezar a cambiar la historia. Para ello tienen
que tomar con firmeza y decisión el futuro en
sus manos.
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